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Éramos tres
Mar Constante
Éramos tres en el techo de la casa: tú, la nieve y yo. Tú, la nieve, y yo. Cazándonos como bestias indómitas, descalzas, ferales. Mamá decía que eras la más bonita. Yo no fui capaz de distinguirte entre las partículas distensas de aquella primera tormenta invernal. Extendí mi carne a la ausencia de tu cuerpo tibio; para entonces, respirabas ya el cloro de la sala de partos. Así se nos pasó la vida.
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