
Caminar sin ustedes
Wendy Arlene Rodríguez Nápoles
Caminar sin ustedes es andar con los pies llenos de memoria.
Es aprender a sostenerme en un mundo que ya no tiene sus risas, sus abrazos ni sus voces.
Es mirar al cielo más veces de las que quisiera, preguntándome si allá me escuchan cuando les hablo bajito, cuando les lloro en silencio, cuando les cuento que sigo aquí.
Perdí a mis tres personas favoritas:
A mi abuelita, fuerte como la tierra que todo lo sostiene. Luchadora incansable, que me consentía como si yo fuera su pedacito más querido de mundo. Ella era refugio, calor de casa y manos que sabían cómo curarlo todo.
A mi mamá, igual de valiente, igual de tenaz. Con ella me reía hasta dolerme el estómago, hablábamos de todo y de nada, como si el tiempo no tuviera prisa. Era mi amiga, mi cómplice, mi espejo.
Y a mi hijita… mi pedacito de sol. Tan divertida, tan ocurrente, tan llena de vida. Podía hacerme reír incluso en los días más grises. Era alegría pura.
La vida se partió en mil cuando se fueron. Y yo también me rompí.
Pero con el tiempo, entendí que no todo se rompe para siempre.
Hay cosas que se reconstruyen distinto.
Hay duelos que se convierten en raíces.
Caminar sin ustedes ha sido la lección más difícil de mi existencia.
He aprendido a respirar con dolor.
A sonreír con nostalgia.
A encontrar pequeños destellos de ellas en las cosas cotidianas:
Una canción que suena cuando no la espero,
El olor del pan recién hecho,
La forma en que el sol entra por la ventana y me acaricia la cara como lo hacían sus manos.
Y entonces, entiendo:
No están, pero no se han ido del todo.
Viven en mí.
En la manera en que soy fuerte, incluso cuando no quiero serlo.
En cómo cuido de los demás, incluso estando rota.
En cómo me río a carcajadas, como si la vida no me doliera.
Esto ya no es solo sobre ustedes.
Es sobre mí.
Sobre cómo camino sin ustedes, pero con ustedes en cada paso.
Sobre cómo me reconstruyo, sin olvidar lo que me falta.
Sobre cómo les honro: viviendo.
Porque vivir no es dejarlas atrás.
Es llevarlas conmigo.
Y así, aunque el mundo ya no se sienta igual, yo sigo.
Más lenta a veces, más herida otras.
Pero con el corazón lleno de lo que me dejaron.
Caminar sin ustedes es duro.
Pero también es mi forma de amarles.
Una y otra vez, en presente.