top of page

Extractos de tiempo

Karen Chávez León

Sé que ves el mundo detenido 

                                   como con las alpargatas en la mano 

                                                                                   cuando caminas en la arena que se va al Pacífico. Tras tus lentes. La pluma que te presté y no usaste. Tú también lo sientes. Aunque sientas rabia porque no me tienes, por capricho tuyo. Sé que no me lo invento, que descabritas ante mis letras, que te rompes cuando te escribo: “Hace tanto tiempo”. Siempre sacudo tu ecosistema, cambia tu respirar y la manera en que interactúas con el aire, con la biosfera, con mi oxígeno que evades, porque ya no soy quien está huyendo. Te has creído todos esos cuentos y todos esos mares que tocan tus dedos se salan, se escaldan, porque tus ojos lo saben; mis ojos están detenidos en ti. Cuando te di esa pluma, y todo lo demás. El kilo de mangos, los amaneceres y las noches. La cebolla mal picada. Cuando hacía tanto frío. 

Te creo cuando dices que eres lo que eres, y no lo que has sido. Te palpita la duda, te enoja el pasado. Sí, tu mundo se detuvo cuando yo llegué tarde. Aún hay pequeñas lágrimas en mis ojos, cautivas, que te extrañan. Sabes, sabemos que vamos suspendidos en el tiempo, en la mirada que no pedimos. Ya no habrá otro día, otro lugar, otro cuerpo. Estacionados en los veranos, en los otoños, en lo que sea; cuando te hablo, sabes que levitas. Aunque quieras apartarte de mi existencia, borrarme del camino, yo también quise. 

Te adelanto, sin presunción, que nos reconoceremos, que seré, que serás. Cambias tu rumbo, porque mi vida te impacta el pecho. No me extraña, para nada. Me pasa lo mismo. Que me detengo de pensarte al otro lado de las rocas amígdalas y basálticas. Que no me quieres cerca porque explotas, no te contienes. Una onda, un rastro, sin arrogancia; ya no se detendrá tu corazón por tantos años. 

                                           Cuando cierras los ojos me ves y recuerdas lo que pensaste antes de reunir valor para hablarme el domingo. Ninguna voz, 

ninguna sonrisa volverán a ser de esa manera. No quieres repetir

 el dolor, no quiero causarte daño, pero ya no me escuchas.

Y si el mundo no se detuvo, sé que todo avanza, pero nadie trastocará tu alma así. A nadie verás, así. Yo no soy yo. Soy porque te conocí. Y me rompiste. Para que fuera una perla en la almeja. Me detienes en la alborada, en el ocaso, en el salón aquel y en los matorrales del Ajusco. La distancia se hará cada vez más inmensa, se dilatará el abismo, y no me duele. Solo estamos suspendidos en el olvido. Sonreímos. Y avanzamos aunque todo dentro se detuvo una vez.

                                     No nos volveremos a ver. 

Y la Tierra y sus grietas, las grietas de las cuevas permanecerán intactas por los murciélagos. 

Porque los extractos del tiempo son dispares. Para ti, para mí, fue un fragmento apenas, difuso como cuando veo sin lentes caer la lluvia que choca contra las piedras y hace ese ruido de las tardes de verano en el piso de la azotea. 

                                                                  ¡¿Cuál fue la distancia, cuál la profundidad?!

No hay fundamento físico o biológico, solo es una historia que fue en el tiempo, cualquier tiempo. No importa ya. Ni a la evolución, ni a la cadena trófica, ni al viento, ni al amor. Un extracto apenas, cuando coincidimos, y en la Tierra no cambió nada. 

                                                   Se formó una roca. 

Hubo un gran hallazgo. Mañana quedará plasmado en las paredes de las cuevas. Una pintura rupestre. Y tú, y yo. 

                                     No. 

                                     No nos volveremos a ver.       


LOGO - PRIMERA SEMILLA (1)_edited_edited
  • Trapos
  • Instagram
  • Facebook

@primera_semilla

bottom of page