
Reminsencia
Leslie Roaro
No fue admisible el instante donde tus ojos no me vieron,
donde tu cuerpo lastimó nuestro pasado
fingiendo deseo.
Sumisas, las palabras brotan
esperando apaciguar caricias,
encontrar alguna que cosiera la herida,
al igual que tu abrigo.
Perspicaz, la demencia que percibe mi tacto,
permitiéndome dejar de esperarte,
aborreciendo al ave que amenaza con caerse.
Observo en cada rincón su presencia,
con los labios ya secos,
con la mirada agachada,
evitando palabras.
Tortuosas noches añoradas,
que hacen preferir no escuchar la asfixia,
evitando el bochorno.
A la espera de una tormenta pasada,
encontraba trozos de vida convertida en insecto,
recogiendo frutos,
llorando por espinas en mis manos.
Ahora, soy ave.
Esta vez, una pesada imagen no hace notar mi existencia;
sus colores brillantes me gritan que me marche.
Por los amantes que se esperan en la cima,
odiaré el aroma que empapa tu piel.
Desviaré la mirada al verte besar labios rojos,
cuando vistas de amarillo,
o cuando tu cielo se pinte de azul.
Lágrimas ausentes por meses,
salen a flote por el mentón clavado en la frente,
como aquel brazo en busca de corazón,
con sed de caricias sin placer de gratitud.
La noche en la que partió el ave
fueron los besos que faltaron,
la causa de su olvido,
el entierro de su amor.