
Trozos
Alejandra Pérez
Creció un bosque dentro de los muros que habitábamos.
Las aves sacuden los restos de tu perfume,
el techo se ha ido, algún misil lo desplomó.
Se acaba el piso de mármol;
una ola de pasto lo cubre por completo.
De vez en cuando cantan las aves,
de vez en cuando cantan los grillos.
Mis ojos reflejan el gris de las nubes
y lloran con la lluvia al atardecer.
Mi piel se ha vuelto roca,
grietas cerca del corazón.
El viento sopla cansado,
el frío no me toca.
Cuelgan trozos de papel de oro
que colocaste en la pared;
tengo en mi cabeza la melodía más larga y triste.
Olvidé como reír,
olvidé cómo amar;
Ya no siento nada.
Mis gritos suelen ser internos,
me golpean mis pensamientos de vez en cuando.
No tengo pesadillas;
cambio mi piel,
las huellas se han desvanecido
poco a poco.
Todo cae, se derrumba;
se detuvo el tiempo tratando de esperarme.
Se cansó el viento de barrer las hojas,
alientos secos de mi cuerpo.
Que me tema el silencio o que me acompañe;
olvidé olvidarte.
Sabía que te irías.
Te gustan las rosa, los jazmines,
la brisa sobre senderos por la mañana.
Te planté la vida que querías;
logré que los girasoles te miraran.
Le quité el filo a cada espina;
todo jardín se volvió bosque.
La mala hierba cubrió lo que construí.
Tiemblan las paredes de mi alma.
Todo se ha vuelto escombro.
Que suban las nubes al cielo,
despejado,
y de fondo el canto de mi voz.
Me quedan las raíces;
solo raíces.
No levantes la choza,
no construyas paredes,
no coloques papel dorado.
Que salten los grillos al campo,
que llueva, que salga el sol.
Bosque maldito,
bosque maldito,
que te perdone el que logre
salvarse.
Mi guerra concluyó,
ya no soy abono de jardines.
Ahora podo de vez en cuando,
alejado de bosques,
cerca del Sol.
El viento sopla, sopla fuerte y
canta.
Las grietas selladas del corazón,
papel de oro porque ahí estuve.
Que me cobije el amor
y que cante el colibrí.