
Te extraño todos los días, el domingo un poco más.
El lunes te sueño, y la semana empieza mal.
Está aliada a la soledad, que el humo de un cigarrillo quiere disipar.
Pero no se deja, no me deja, no se va.
El martes te pienso un rato y después te dejo a un lado.
Suena feo, pero es verdad.
Trato de no pensarte, de no extrañarte.
Pero es cansado, y duermo. Duermo y me dejo llevar.
Miércoles, mitad de semana.
No me doy cuenta de cuántos días han pasado desde el lunes anterior.
Tomo café muy cargado para no dormir de más.
Para no verte en mis sueños y dejarte descansar.
El jueves por la mañana, el agua caliente borra pensamientos de todo tipo.
Incluso cada letra de tu nombre, que con el tiempo se ha hecho imposible mencionar.
Viernes, último día de la semana.
Mi cuerpo lo siento ausente; mis pensamientos no lo son.
Mi respiración está en constante aceleración.
El corazón parece que en cualquier momento va a estallar de soledad.
Pero nada se compara con el fin de semana.
El calor insoportable del sábado a mediodía,
Mientras papá saca al perro a pasear.
Y el gato se va porque está cansado de verme llorar.
Mi hermano no me llama.
Mi hermana no está.
Y me doy cuenta de que he estado sola toda la semana.
Escuchando la misma canción repetidas veces,
Y pongo series que no termino de ver.
Solo para tener ruido.
Para que el silencio no me rompa más.
Despierto el domingo y, aunque están todos,
Tu partida duele y no me acostumbro al eco de la inmensidad.
Es el día que más te extraño.
Y las lágrimas ceden ante el peso de un cielo fantasmal.
Y te veo en la cocina bailando un jazz.
Y empiezo a extrañar tus gestos, tus abrazos, tu oración.
El domingo me puede. Me aniquila.
Me dice que otra semana ha terminado.
Y empieza mi rutina de no pensarte otra vez.
Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo.
Doming, Domin, Domi, Dom, Do, D...
Dom, Do, D
D. Thalassa