top of page

Llena de tus cosas favoritas. Guiones de teatro, poemas, libros, canciones escritas en cartas que te mandaron cuando eras joven. Pero si seguías siendo joven cuando te fuiste. Tu silla en el comedor, tus copas de boda, tu familia rota. Tu dolor, mi recuerdo. El duelo que me parece eterno. Mi hermana sin madre, mi padre sin esposa, mis tías sin compañía, tu madre sin hija. Mis noches sin consejos, decisiones inundadas de nervios. Tus manos, mis manos, embarradas de tinta. Las plantas muertas, tu cuerpo de memoria hecho cenizas, cenizas amigas. Tu nueva caja en el nicho de la iglesia a la que nunca ibas. El baúl pesado que se llevaron con tu esencia y tus reliquias.

Me quiero deshacer de tu herencia. La venganza de dejarme el olor de los últimos lirios blancos que te regalé y no aceptaste. El niño que nunca nació porque lo acechaste. Tumor sangriento, regalo a tu hija menor. El lujo de tu ignorancia voluntaria. Mi inocencia. Yo te idolatraba.

Me siento en tu silla con tu ausencia, acompañada de recuerdos muertos y tus cadáveres pálidos. Observo la sangre en el piso del baño blanco y me la pongo para sentirte cerca. Tomo todas las oportunidades vestidas de negro y acepto que lo muerto ya se murió. El dolor rezagado cultivado en tu tierra durante cincuenta años, escondido en la tela puesta, oliendo los ataúdes en los que no vives, cargando la sombra de lo que pudo haber sido.

Pero es mejor morir que acabar como tú. Cada ausencia significa algo y la tuya es abandono.

Aunque me acompaña la necesidad por prepararme para tu muerte y ver la silla vacía y querer no sentir nada, me aferro a perdonarte y me desgasto tratando de sostener todos los huesos de tu cuerpo en su lugar, sabiendo que no existen ya y, si existieran, se desmoronarían por tus células hambrientas en cualquier momento.

Ahora practico ese juego de despedidas falsas como si me sirviera de algo. El que tú me enseñaste, en vano. Huyo del cariño por miedo a que se vaya temprano. Uso los colores que dejaste para iluminar mis noches y entender mis días. Rechazo tu negro que me bloquea y tu gris que me confunde. Los regreso a tu caja. La intento esconder en la oscuridad. Tu demonio nocturno no me deja, me jala a tu locura desde el pasaje umbilical que me unía a ti desde que empecé a existir y entiendo que era muy estrecho para caminarlo juntas.

Querida Lula Libélula, morirte no te hace buena. No te hace justa. Siempre estuviste con la muerte puesta; me dejaste toda tu ropa y tu vestido lo usaré en mi boda.

Hoy te confieso que no puedo estar mucho tiempo sin estar enamorada y que ese mismo tiempo lo cura todo, pero no te curó a ti, ni a mí. Te confieso que no seré perfecta hasta estar muerta. Que tus deseos los enterré en tu tierra y les prendí fuego. Que no te perdono por irte sin avisar. Que mis palabras llegarán hasta donde estés y dolerán. Que lo único que quiero es ser tú y heredar el veneno que tenías en la sangre, pero fue lo único que te llevaste.

Lo que dejaste fue tu caja.

Ximena López

LOGO - PRIMERA SEMILLA (1)_edited_edited
  • Trapos
  • Instagram
  • Facebook

@primera_semilla

bottom of page