top of page

Sofía Carolina Martínez

Amiga, extraño las tardes que pasábamos juntas, los mensajes que te enviaba para platicarte las noticias y mis anécdotas más recientes, las fotografías, las fiestas, las conversaciones profundas en una banca del parque cerca de tu casa, la ropa que compartíamos, el vino que tomábamos juntas, las comidas que cocinábamos, las ocasiones que dormíamos en la misma cama.

Cuando te abrí las puertas de mi casa y tú las de la tuya. Cuando te conté sobre mis dolores, mis tristezas, mi historia y mis angustias, y cuando te escuché contarme sobre las tuyas. Las idas al cine, al café, al restaurante y librerías, las veces maquillándonos juntas, las películas vistas, las recomendaciones de libros, tus gatos, tu madre, tu padre y tus hermanos.

Amiga, añoro el día en que nos reencontremos y ambas podamos ser lo suficientemente valientes y capaces de respondernos ¿por qué? ¿Y en qué momento?, tú me entiendes, ¿qué nos pasó? ¿Cómo alguien que se vuelve tan cercana puede, de un momento a otro, volverse una extraña? ¿Fue nuestro orgullo, nuestra soberbia o testarudez? Porque te aseguro que cada vez que miro a la luna o los árboles, me acuerdo de ti.

Recuerdo tu risa, tus miradas, tus consejos y tu forma de ver la vida. Tus afectos tan certeros y cálidos, y recuerdo tus miedos, aquellos que escuché con tanta timidez. Una timidez por observarte tan humana y tan vulnerable frente a mí. Dime, ¿cómo recupero eso?

Amiga, sigues siendo sol, sigues siendo estrella. Te pienso, te añoro y te quiero. Aún lo hago. Tu cariño y tu querer me envuelven en las tardes de domingo, cuando la soledad arrasa y llega de golpe. Me hace recordarte tan feliz y única. Solo tú sabrías cómo sacarme de ahí.

Y pienso en mi duelo por ti, amiga. Escucho que se habla mucho de los duelos por muerte o por una ruptura amorosa, pero al darle lugar a la pérdida de una amistad que quería tanto, ¿a dónde recurro? ¿Con quién lo hablo? ¿Dónde se lee? ¿Dónde se estudia? Aparentemente no lo hay, y entonces, no me siento acompañada en este dolor, no hay palabras para nombrarlo. Este duelo, incluso, fue silencioso. No recuerdo que haya existido un acuerdo mutuo entre ambas donde nos expresáramos: "Aquí terminamos". A diferencia de una ruptura de pareja, cuyo término suele ser estrepitoso, escandaloso y explícito. Acá, no hubo una charla de por medio. Simplemente pasó el tiempo y la vida, los quehaceres y los desencuentros. Cada vez hubo menos palabras, conversaciones, salidas, risas o mensajes. Y me quedé preguntándome: ¿qué pasó?, ¿debería cuestionarlo?, ¿me acerco o me alejo más?

Entonces, vivo en duelo invisible. En el que te extraño, pero no sé cómo decírtelo. En el que me dueles, pero no sé a dónde gritarlo. En el que no encuentro canciones ni poemas que le hagan justicia. No hay películas que me acompañen en el transcurso de este camino espinoso. No lo hablo con nadie porque nadie lo entendería. No hago un gran alboroto por ello, porque nadie lo calificaría de válido. Y solo lo escribo, lo transformo y lo resignifico. Porque eso se hace con el duelo; se crea algo distinto que me permita vivir esa pérdida y ese vacío de lo que alguna vez fue con una figura de una mujer llena de sueños, humanidad y fortaleza.

Contigo me sentía cercana a la vida. Aquella que se construye poco a poco y sin prisa. Los espacios que me brindabas para ser yo, no los encuentro en ningún otro lado. Y pienso que en parte eso también es el amor. La paciencia, la confianza, la complicidad y la vulnerabilidad. El amor. Un amor hecho por nosotras mismas, sin expectativas, referentes o presiones. El tiempo existía libre, solo siendo y formándose.

Dedico estas palabras para esas amigas que alguna vez fueron. Que la vida nos vuelva a unir y nuestros caminos se reencuentren en la adversidad del tiempo. Y me cuentes tu versión, y yo pueda contarte la mía. Que la amistad aparezca en la vida como aquello que solo se encuentra ahí: el amor, la ternura, las risas, la feminidad y la esperanza total de que nuestros caminos tienen un sentido y vamos acompañadas, y nos queremos, nos abrazamos y hablamos cálidamente, como nadie más sabe y ningún otro sabe hacerlo.

Espero algún día volver a verte, amiga.

La amistad perdida

LOGO - PRIMERA SEMILLA (1)_edited_edited
  • Trapos
  • Instagram
  • Facebook

@primera_semilla

bottom of page