top of page

Gretel Rodríguez

Miro tus fotografías en el mar y pienso en cuánto has adelgazado. Amplío la imagen para fijarme en tus detalles. Tu pelo corto, en capas por encima del hombro, tu piel morena, tus perforaciones y los tatuajes que nunca te conocí. Pienso también en por qué será que no he podido soltarte, por qué en ocasiones te sueño y despierto intranquila por saber si aún cohabitamos en la misma tierra.

Una y otra vez he pensado en enviarte un mensaje. Quisiera contarte cómo fue terminar la universidad, cómo fue llenarme la mente que me dejaste fracturada con datos y palabrerías sin importancia real. Quisiera contarte cómo ha sido dejar mi casa y vivir con extraños. Quisiera contarte que mi abuela Nadia murió y que perdí el collar que me regalaste en mi cumpleaños dieciséis y que mi mamá aún pregunta por ti de vez en vez. Quisiera contarte que te dejo flores en forma de versos que nunca le leo a nadie y que le pongo veladoras a las cartas que me escribiste.

Quisiera contarte cómo ha sido la vida después de la muerte. Después de tu muerte. O después de lo que hubiera sido tu muerte. Porque al golpear tu cuerpo con el concreto, tu alma se aferró a mantenerse tangible. No solo conservó entera la materia, sino que sanó cada herida corporal que pudo haberse originado. Ordenaron aislamiento y recuperación física, dejando de lado el caos que residía en tu cabeza.

Después de eso, volví a verte en dos ocasiones. La primera, en casa de tus padres, postrada en tu cama. No podías contener la risa, dijiste que habías cometido una estupidez, que te perdonara por haber sido tan egoísta. Pero también dijiste que llevabas más tiempo queriéndote morir que gratificando la vida. La segunda vez fue la última Nochebuena que pasaste en mi casa. Tenías el cuerpo lleno de erupciones y ojeras profundas y tu acompañante fue tan insistente que te fuiste antes de la medianoche. No logramos intercambiar muchas palabras y ni siquiera recuerdo si nos dijimos adiós o si solamente te cerré la puerta.

No puedo evitar preguntarme si acaso habría más crueldad en tu partida absoluta y no parcial. Si aquel día en que tuve certeza de que tu esencia se había dispersado en la acera, esta hubiera decidido llevarse consigo también a tu cuerpo. Sí, estando tú bajo tierra, apaciguarías mi ansia de no saber dónde estás y qué estás haciendo. O si solamente escribo cartas sin destinatario para mitigar la culpa por mi cobardía.

Porque alejarme de ti hasta volverte invisible fue una decisión meditada. Preferí cortarte de tajo, esperando no hacerte nunca falta y amarte desde la memoria. Si te hablo con franqueza, desprenderme de ti me hizo liviana. Convertirte en una desconocida me concedió el luto. Me fue más fácil matarte que verte cadáver.

Veracruz, Junio 2025

Materia sin alma

LOGO - PRIMERA SEMILLA (1)_edited_edited
  • Trapos
  • Instagram
  • Facebook

@primera_semilla

bottom of page