
Ausencia
Lizzy Gómez
¿Cómo le dices adiós a alguien que nunca se fue?
¿Cómo renuncias a quien nunca estuvo?
Muchas veces traté de entender por qué:
¿Por qué te fuiste?
¿Por qué me dejaste?
Te busqué en memorias que no existen,
en ese silencio heredado,
en ese cuento que imaginé,
en páginas blancas escritas con tu sombra.
Quisiera cerrar este cuento
pero cada parte de mí
lleva tu nombre en silencio.
Te sé como tú sabes mi nombre,
pero saber no es conocer.
Y tú y yo…
Somos extraños de la misma sangre,
unidos por un lazo que nunca se ató.
No hay ausencia
porque nunca hubo presencia.
Nada pierdo
porque nunca tuve nada.
Toda la vida supe de ti,
aunque jamás te conocí.
Eras el extraño
que siempre quise entender,
la figura incompleta
en mi historia rota.
Hay un vacío que no se llena,
un luto que no se nombra,
porque no existe el duelo sin un cuerpo que enterrar.
No hay pérdida donde nunca hubo abrazo;
sólo hay noches -tantas noches-
llenas de amor sin rostro,
llenas de un vacío con eco de tu nombre.
Y hay tristeza.
Y rabia.
Y luto vestido de ausencia.
Y aún así, te pienso.
No por lo que fuiste,
sino por lo que nunca llegaste a ser.