
La ausencia empezó antes de irte
Ari Zantiago
Cuando lo supe, el duelo se instaló en mí,
y cada día pesaba más.
Cuando llegó el día, lo que sentí no fue lo que esperaba.
No fue un derrumbe inmediato, ni un llanto incontenible.
Fue paz.
Sabía que iba a pasar, aunque no quería.
Como si el sufrimiento hubiera cesado y, con él,
algo dentro de mí también se hubiera calmado.
Calma después del huracán.
Ese día, rodeada de abrazos y palabras que no ayudaban,
solo quería estar sola. Que todos se fueran.
Ruido en el lugar, ruido en mi mente:
¿Y ahora qué hago?
Desde entonces,
reconstruir mi vida ha sido como armar un rompecabezas
con piezas rotas, que ya no encajan donde solían ir.
Ya no estás,
pero tu ausencia sigue marcando mis pasos,
guiándome sin estar.
Aprendo a vivir distinto.
No mejor, no peor.
Solo distinto.