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Nunca olvides que te quiero

Garisa

Tenía razón.

Será hoy. Ya está sucediendo.

Desde hace tiempo me siento extraña.

Los lazos se estiran,

se extienden,

se vuelven frágiles,

lo puedo ver: salen desde mi corazón.

Me estoy volviendo invisible.

Te has sentado a mi lado.

Te saludé y ni siquiera me miraste.

Te alejaste sin decir nada,

como si esto no importara,

como si nunca hubiéramos sido.

Y, aun así, esperé.

Porque contigo encontré seguridad.

Porque no tenía que usar una máscara,

una impuesta por la sociedad.

Podía ser mi propio caos, mis miedos.

Tú te reías con ellos y no de ellos,

éramos refugio y consuelo.

Y, aun así, aguanté.

Hasta que hablaste de mí.

No como compañero, sino como un extraño

disfrazado de amistad,

Eso lastima,

sentí que algo se rompía.

No entre tú y yo,

sino dentro de mí.

Lo vi: ha desaparecido.

¿Cómo lo reparo?

¿Cómo lo hago volver?

No sé qué hacer,

tengo miedo.

Con el corazón temblando en las manos,

cierro los ojos…  y tú ya no estás.

Ya no se puede reparar.

Lágrimas resbalan por mis mejillas,

y de pronto, desaparecen.

Ya no tengo cuerpo,

ya no soy yo.

Quisiera enojarme por haberte olvidado de mí,

pero no puedo. No quiero.

Seguiré queriéndote,

porque tu risa sigue siendo mi recuerdo favorito,

aún calienta mi alma

y me hace sentir que sigues aquí.

Aunque hoy me sienta rota,

recuerdo que, alguna vez,

me ayudaste a no quebrarme.

Así que esto ya no es sobre ti.

Pero las melodías, los lugares, aún te pertenecen.

Será lo único que me lleve de aquí,

Y por un momento, mi corazón olvida que ya no estás.

Los días contigo sabían a libertad,

era fácil ser yo cuando estabas junto a mí.

Ojalá algún día te piense sin llorar,

porque aún me dueles.

La tormenta me consume,

provoca un caos en mi interior:

Aún escucho tu voz cuando me da miedo ser yo.

Intento dejarte ir,

pero me abrazo con fuerza a lo que fuimos.

Este es mi último acto de amor,

no para que regreses,

sino para que puedas vivir

en lo que fui,

y no en lo que soy.

Me llevaré lo bueno,

lo malo se lo entrego al viento.

Y lo nuestro…

lo dejo aquí.

Porque cuando te pienso,

ya no duele.

Solo se me encoge un poquito el corazón.

Nunca olvides que te quiero.

Gracias por ser mi hogar, mi lugar seguro.

Es mi momento de caminar

y aunque me pierda un poco,

lograré encontrarme.

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