
Sobre amor y primavera
Darling, Lunna
Siempre ha estado en mi sangre,
no sentir que estuviera presente
y no pertenecer a ningún lugar.
Y tampoco creo que ellos lo sintieran alguna vez.
Podía ver a gente extrañando,
y extrañaban mejor.
Y veía a gente amando,
y amaban mejor.
Y el tiempo pasaba y no se detenía,
así que viví en la melancolía
por odio a no pertenecer a la felicidad.
En cuanto el espejo ya no podía reconocerme.
Sabía que algo había salido mal,
algo irrevocable.
Las palabras perdieron el significado
y los sentimientos también.
Aprendí muy rápido a mantener partes de mí calladas.
No porque estuvieran mal,
sino porque no podía permitirme verlas siendo rechazadas.
Y siempre tuve miedo de repetir el ciclo
del que mis padres siempre me advirtieron.
Solo para descubrir que siempre fue lo que tenía por delante.
Que no pude evitarlo, aunque quisiera.
¿Por qué no avisó al llegar?
Ni dijo adiós al desaparecer.
Y creo que es por eso que las peores despedidas
son aquellas que nunca son claras.
Ni del primer amor.
Ni de la familia feliz que creí tener.
Ni de la infancia que creí interminable.
O los amigos con los que nunca más hablé.
Así que me convertí en un eco
de la versión de algo que se podía amar.
Y aun así, odiaba este mundo
tan lleno de dolor.
Palabras hirientes
y habitaciones demasiado ruidosas.
Entregué partes de mí a cosas que brillaban.
Nombres que le di al dolor para que se quedara.
Y joyas que me tragué para no olvidar.
Y tal vez es por eso que tampoco sabía
cuánto amor tenía que haber para ser amor.
¿Eran las flores floreciendo a mitad de la primavera?
¿Las gotas de lluvia cayendo en ellas?
¿O tal vez las cartas nunca correspondidas?
¿Que se acabaron mis palabras para siempre?
El amor viene en formas extrañas.
En ausencias y cajas cerradas
que guardo bajo mis costillas.
Eso es lo que significa amar.
Cuando soy yo.
Y estaba tan celosa de las personas
que tenían amor y poesía dentro de ellos.
No solo odio y arrepentimiento
por decisiones del pasado que no podía cambiar.
Me asustaba despertar y no recordar.
¿Qué significaba la felicidad?
Después de haber dejado de serlo por un tiempo.
Así que comencé a vivir en mi cabeza.
No era más feliz, en realidad no.
Pero era mío.
Un lugar al que pertenecía
sin necesidad de ganármelo,
ni gente preguntándome quién era.
para decidir si merecía amor o no.
No sabría cómo explicarle a mi yo niña
por qué ahora vivía así.
Igual, pero tan diferente.